Estados Unidos: no habrá reforma migratoria

ESTADOS UNIDOS: NO HABRÁ REFORMA MIGRATORIA
“Los senadores han votado a favor de sus temores, no de las esperanzas”

(Ted Kennedy, Senador, arquitecto del proyecto migratorio)


      El fin del proyecto de ley para una reforma que permitiera encontrar solución para la regularización de 12 millones de inmigrados ilegales en los Estados Unidos ha llegado el jueves 28 de junio: en el Senado se han registrado 46 votos a favor de la continuación del debate sobre la ley y 53 en contra. Los votos necesarios a la continuación del debate eran 60: las partes han visto 12 Republicanos, 33 Demócratas y 1 Independiente por un lado y 15 Demócratas, 1 Independiente y 37 Republicanos por otro.
      Los promotores de la ley han sido derrotados no obstante la misma ley considerara, como pedido por la oposición, 4.400 millones de dólares para aumentar la seguridad de la frontera con México - por la que entra la gran mayoría de los clandestinos - y un programa para los “trabajadores temporales”, que también consideraba el regreso de los inmigrados clandestinos a sus países de origen para obtener solo sucesivamente un contrato de trabajo a tiempo determinado.
      Y esto ha ocurrido aunque el Presidente Bush llamara personalmente a los Senadores Republicanos para que sostuvieran la iniciativa legislativa y aunque a su favor estuviera el mismo Secretario de Seguridad Nacional, Michael Chertoff.
      El Senador Ted Kennedy, el principal arquitecto de la ley - junto al Republicano y candidato presidencial John Mc Cain - ha comentado que “ha prevalecido el miedo en vez de la esperanza” y, dejando por un lado toda diplomacia, ha declarado: “¿Qué haremos con las 12 millones de personas que viven sin documentos en nuestro país? ¿Podremos enviarlos atrás? ¿Cuál es la alternativa que proponen aquellos que bloquearon la ley en discusión?” La amargura kennediana puede entenderse si consideramos que también el líder de la minoría republicana ha comentado, con el mismo tono, que “esperábamos una ley bipartisan y conseguimos una derrota bipartisan” y que dicha derrota ha llegado después de meses de discusiones, a puertas cerradas, entre los dos partidos que habían finalmente llevado al anuncio de mayo 17 de un entendimiento, aunque controvertido, para una reforma migratoria. En junio 12, después de los continuados “stop and go”, intervino personalmente Bush, convocando una reunión de los senadores republicanos en el Capitolio. Contemporáneamente, también la Iglesia católica intervino, con tomas de posición pro-inmigrantes por parte de la Conferencia episcopal US.
      El comento presidencial frente a la caída de la ley ha llegado de inmediato el viernes 29, en su visita a la Academia Naval en Rhode Island: “La inmigración ilegal constituye una de las mayores preocupaciones de nuestro pueblo y el fallo del Congreso es una grave decepción, aunque muchos entre nosotros trabajaron para encontrar un terreno común para un acuerdo legislativo”.
      Contra el bloque de la ley se han manifestado también muchas asociaciones de emprendedores: el vicepresidente de una gran empresa de producción de carne enlatada ha afirmado que las deportaciones de miles de inmigrados ilegales han causado pérdidas a la economía por millones de dólares. Y como él se han expreso otros industriales y empresarios, sobre todo en el sector agrícola y en la construcción.
      Por su parte las asociaciones de inmigrantes han comenzado de inmediato una serie de protestas y denuncias que difícilmente encontrarán respuestas, por lo menos en el breve término, en consideración de la ausencia de una controparte: representantes de ambas partes, de hecho, ya han declarado que “el pueblo americano ha votado por el status quo sobre la inmigración ilegal y es el momento de pensar al problema de la guerra en Iraq”.
      En tal situación muchos analistas no han comprendido la utilidad de afirmar, como ha hecho el Secretario de Comercio, de origen cubana, que “ha llegado la hora que los inmigrados usen el látigo del voto”, y no lo comprendemos tampoco nosotros, aunque colaboramos con el doct. Franco Pittau de la Caritas Italiana sobre la problemática migratoria, y no lo comprendemos en consideración del hecho que la causa profunda de las controversias sobre la inmigración tiene raíces seculares en la “Cultura” de la Nación y no en este o aquel Partido o lobby, y a prueba de esto podemos observar que el gobernador de California, que es Republicano, ha realizado en su Estado una legislación sobre la inmigración que puede compararse con el nivel de los tiempos de oro del welfare europeo, y hasta es superior si consideramos que los hijos de los inmigrantes ilegales pueden acceder a las Universidades y tienen asistencia sanitaria gratuita y que un obrero especializado en Los Angeles posee un salario similar al de un profesor universitario en Italia y que los gastos de la vida cotidiana no son tan diferentes, si no se vive en el vecindario de Tom Cruise y Sylvester Stallone.
      Problema cultural, decíamos, que origina en los tiempos de la dialéctica política entre los Padres Fundadores de los Estados Unidos, entre Jefferson y Hamilton, entre quien quería construir una Nación y quien se orientaba hacia una Confederación de Estados independientes, es decir una especie de Commonwealth ante litteram como el que habría después establecido la Gran Bretaña. Si hubiese prevalecido la segunda tendencia política probablemente no habríamos tenido un Lincoln. Choques culturales, por lo tanto, entre quienes exaltan las diferencias y quienes evidencian rasgos comunes a las gentes de un País.
      Pues bien, en la contingencia actual, dicho clima puede relevarse observando el desamparo político inducido entre los legisladores estadounidenses, cotidianamente insultados y llamados “gringos imperialistas” por los gobernantes de esos mismos países que después envían miles de ciudadanos desesperados a las fronteras para salvarse de la miseria más profunda. Y no faltan analistas políticos que evidencian la ausencia de “acuerdos colaterales”, por lo que a un ciudadano europeo o americano le resulta imposible obtener la residencia en México (para citar como ejemplo un país-clave de la inmigración clandestina) o abrir una cuenta de banco o tener un trabajo aunque posea una altísima profesionalidad.
      Y es un problema cultural también si consideramos que los legisladores USA “leen” los cambios de su propio país y constatan, por lo tanto, que hace algunas decenas de años las ciudades más pobladas se encontraban a un centenar de quilómetros de la frontera con Canadá, y ahora se encuentran casi todas a la frontera con México, con la excepción de New York, Chicago y Filadelfia.
      Y, como si los problemas fueran pocos, no faltan en muchas ciudades americanas asociaciones de emigrantes de América del Sur, sobre todo de Venezuela, que alimentan los contrastes y aplauden con entusiasmo la caída del proyecto legislativo sobre la inmigración afirmando, sin medios términos, que ellos quieren una “amnistía total”: como la reina francesa que al pueblo que protestaba por la falta de pan respondía: “Que coman brioche...”
      Y, por lo tanto, si por un lado los temores vencen las esperanzas, para decirla con Kennedy, fomentados por las preocupaciones de perder la propia identidad de País y de Nación, por otro lado se agitan extremismos, como el último citado, que son fútiles, irreales y que hacen daños irreparables en primer lugar a los mismos inmigrados: temores “conservadores” y extremismos “provocadores” que se conjugan envenenando el clima político y fomentando una cultura que arriesga exaltar las diferencias entre las gentes y no los valores universales sugeridos por la solidaridad.
      Sobra decir que un Padre Fundador de los Estados Unidos quizás recordaría a muchos Senadores actuales que en la Declaración de Independencia de 1779 está escrito que “todos los hombres han sido creados iguales y dotados por Dios de derechos inalienables como la vida, la libertad, y la búsqueda del bienestar”.
      La agenda política de los Estados Unidos, de todas formas, por el momento ha pasado la página: de los inmigrados se hablará en un par de años, después de Bush, sea que el nuevo Presidente se llame Clinton, sea que tenga el nombre italiano de Giuliani.
Franco Camarca



©ARKEOPOLIS Derechos Reservados. La difusión queda permitida solo si es citada la fuente Arkeopolis y el autor del artículo. Para contactar al webmaser hacer click aquí.