Historia, Agosto-Octubre 2006

Para que nuestro sitio sea interactivo vamos a proponer, en cada número, una pregunta a los lectores, proponiendo después los artículos de los que responderán. En este primer número proponemos un ejemplo “pilota”, al que ha colaborado el doct. Franco Camarca


¿Existe una moneda antigua romana que celebre el jefe de un ejército enemigo?


“Gallia in tres partes divisa est...”. La frase inicial del De Bello Gallico, en el que César describe la homónima guerra, recuerda aquellas de otras páginas inmortales de la literatura que podemos definir “universal” aún antes que “latina” e “italiana”: “los ramos del lago de Como” con la que Manzoni comienza sus Promessi Sposi o “en el medio del camino de nuestra vida” del Sumo Dante.

Gran escritor y gran líder, entonces, nuestro César. Pero, agregamos nosotros, también gran portador de aquella “magnanimidad” que los poetas latinos y griegos cantaban como la principal de las virtudes de gran líder. Y de hecho César demostró poseer dicha virtud coniando, primer conquistador y quizás último en la historia, una moneda con el rostro del derrotado: Vercingetorige, el jefe del pueblo gálico.
Moneta romana con el rostro de Vercingetorige

Estamos en el 52 a.C. y César se encuentra enfrentando la batalla decisiva para que la entera Galia sea “provincia romana”. Vercingetorige está atrincherado en la ciudad de Alesia, después de haber reunido a todas sus tribus: 250 mil combatientes – escribe César – y 8 mil a caballo. Los galos en el interior de Alesia son – siempre en base a la crónica cesariana – más de 80 mil. Un ejército imponente, entonces, listo para la última desesperada batalla. Es el momento histórico en el que el gran conquistador romano, quizás el más grande de todos los tiempos, dará razón a todos aquellos que, sucesivamente, llamarán “Césares” en su honor, las guías del imperio romano. En aquella ocasión las técnicas de asedio fueron completamente revolucionadas, por cuya análisis nos permitimos sugerir la lectura de las relativas páginas del De Bello Gallico.

Vercingetorige se encontró, a pesar de su intención, ya no más fortificado en la ciudad sino prisionero de la misma Alesia. No hubo más alternativa que rendirse y la moneda con su rostro quedó como testimonio que la guía romana quiso dejar a la Historia.
Doctor Franco Camarca

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