Teotihuacan, Arqueología, Octubre 2006

Teotihuacan, donde la arqueología se convierte
en elemento físico

Autor: Carmine Camarca


"El camino se iba haciendo más pintoresco a medida de que seguíamos avanzando y, al fin, atrajo nuestra atención la vista de dos grandes pirámides, que se levantan al este del pueblo de San Juan Teotihuacan. Consagradas al Sol y la Luna, en la época de Cortés estaban representados por dos enormes ídolos de piedra, cubiertos de oro. Aprovecharon los conquistadores el oro, y los ídolos fueron hechos pedazos por órdenes del primer obizpo de México". Palabras, estas, que pertenecen a la "Vida en México" de la marquesa Calderón de la Barca mas que podrían ser escritas de igual forma por un profesor o un turista de la arqueología, no obstante hayan transcurrido tantos años.

El tiempo está parado, en la ciudad de los dioses , parado para los pobladores en espera de turistas a los que vender reproducciones de los hallazgos más famosos; parado para los mismos turistas, que de pronto se encuentran en una dimensión del pasado, rodeados por un paisaje de rocas y por esto aún más típico, con lejanos perfiles de montañas que parecen levantarse a protección de su ciudad predilecta.
Si no se tratara de arqueología, a algunos les parecería una raridad cómo estos veinte quilómetros cuadrados hospeden al sitio arqueológico más maestoso de toda latinoamérica; y aún más raro les resultaría su origen por mano de los Toltecas, quienes se volvieron sinónimo de constructores en el México que los siguió, así como modelo se volvieron sus obras.
"Se dice que cuando aún era noche, cuando aún no había luz, se dice que se reunieron y se llamaron los unos a los otros, los dioses, allí en Teotihuacan". Esto afirma la Leyenda de los Soles del Codex Matritense. Fueron los grupos Nahua a coniarla, porque a su llegada no sabían quién hubiese edificado la maestosa ciudad. Y tanta fue la influencia ejercida sobre su cultura que en ella ubicaron su mito fundamental, el nacimiento del Quinto Sol, el sol del hombre Nahua. De ella los Tenocha, o Aztecas, copiaron la planta que vemos en Tenochtitlán, o Ciudad de México.

Será solo en el siglo XVII, con don Carlos de Siguenza, que se mostrará un interés por el centro. Don Lorenzo Boturini describirá así la zona: "era este cerro en la antigüedad perfectamente cuadrado, y se subía a su cumbre por unas gradas, que hoy no se descubren por haberse llenado de sus propias ruinas y de la tierra que le arojan los vientos, sobre la cual han nacido árboles. Mandé sacarlo en mapa y rodeándole vi que el célebre don Carlos de Siguenza había intentado taladrarle, pero halló resistencia". Fue así que don Siguenza pasó a la historia como el autor de la primera exploración francamente arqueológica, "donde - como escribió Ignacio Bernal - se usa un monumento para esclarecer un problema histórico".
Por increible que pueda parecer, será necesario esperar a los años Sesenta para ver el comienzo del estudio arqueológico profundo de Teotihuacan, con el "Mapping Project" del doctor René Millon y el "Proyecto Teotihuacan". Sin embargo, como hemos dicho, el tiempo no parece variar en la ciudad. Una excavación arqueológica se desarrolla en el Templo de la Serpiente Plumada Quetzalcoátl, mientras una guía muestra a los turistas asombrados el misterio del eco de dicho temploo, que de manera peculiar reproduce el camto de un volátil local; y observando la escavación mientras los turistas suben por los escalones (moviéndose en forma de espiral para no ofender al dios) no sería sorprendente si apareciera el mismo don Manuel Gamio, dando órdenes a sus excavadores y anotando cada nuevo detalle sobre su hallazgo.

Y el tiempo transcurrirá imperturbable, fuera de la Ciudad de los Dioses, cuyo Sendero de los Muertos sintió los pasos de los sacerdotes de Quetzalpapálotl y hoy siente aquellos de los fascinados turistas, que tienen una noche insomne asegurada en la que serán tentados de regresar para ver si, quien sabe, los dioses se reunirán de nuevo, esa noche, allí en Teotihuacan.
Carmine Camarca


L´Autore dell´Articolo

Carmine Camarca, autor de Arkeopolis.
"Desde siempre he tenido una gran pasión hacia la Historia y la Arqueología. He comenzado organizando un pequeño grupo de búsqueda con amigos y, sucesivamente, he comenzado a viajar para profundizar en el campo y para analizar en primera persona hallazgos que han cambiado o podrían cambiar la Historia del género humano.
Paralelamente, he desarrollado un fuerte interés por las lenguas, indispensables en el mundo moderno, y por la informática, publicando un modesto ensayo, "De los números a la Computadora".
Soy también estudioso de Numismática, porque a mi parecer las monedas son un vehículo de testimonio que nos llega de nuestros antepasados.
Amo la Naturaleza y condivido el lema "mens sana in corpore sana" practicando la filosofía del Karate. Mi autor preferido es Jack London. Actualmente estudio en los USA, donde estpy curando el desarrollo del proyecto Arkeopolis"
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