Arqueología

Arqueología "misteriosa"?
O el "misterio" está en el "porqué" no se quiere investigar?

Autor: dott. Franco Camarca


"Stat Roma pristina nomine,
nomina nuda tenemos"


     En los años Sesenta el físico Francis Everett enriqueció el mundo científico con una de sus tesis titulada "La interpretación de los muchos mundos de la mecánica cuántica" (The Many-Worlds Interpretation of Quantum Mechanics).
      Hasta entonces era vigente la interpretación de dicha ciencia dominada por la llamada Escuela de Copenaguen, basada sobre la existencia de un "observador externo" que efectua medidas. Dicha escuela afirmaba que cuando se registra uno de los posibles resultados de las medidas, el único resultado posible es el que ocurre en el universo en el que se encuentra el observador externo.
     Pues nuestro Francis - no sabemos si conciente o menos de las posibles implicaciones "metafísicas" - sostiene que todos los posibles resultados de la medida prescinden de la presencia del observador externo y que por lo tanto se producen en universos diferentes y cada vez que esto ocurre la historia del universo se divide en tantos ramos cuantos son los posibles resultados.

     El filósofo - en mi opinión aún antes que escritor - Umberto Eco en su obra maestra "Il nome della rosa" nos habla de los "posibles" (las comillas son de quien escribe) laberintos. Ya en la metáfora de la literatura kafkiana habíamos descubierto la aventura humana de la búsqueda si vías de salida, pero nuestro Eco lo sublimiza llegando a enseñarnos intuitivamente un laberinto que contiene varias salidas, a diferencia del clásico micenéico: tantas salidas cuantas son las ramificaciones de sus senderos que se dividen.

     Un gran intelectual latinoamericano, Borges, en su "El jardín de los senderos que se dividen" había a su tiempo maravillado al físico italiano de cuántica Tullio Regge hablándole de "sus" laberintos.
     En la Biblioteca de la Cristianidad, en el escenario de la antigua abadía italiana de la obra maestra de Eco, el viejo monje que la tiene en custodia tiene como misión impedir que un visitador pueda abrir el libro misterioso y prohibido, porque de los conocimientos que podría conseguir derivaría la destrucción del sistema.

     Física cuántica y filosofía y semiótica en búsqueda de la Verdad: las arriba expuestas reflexiones - en extrema síntesis, cierto de la cultura del lector - deberían sugerir y delinear suficientemente una "nueva forma y sustancia" que, a parecer de quien escribe, debería asumir el Pensamiento, un Pensamiento que no se pare delante del misterio sino que lo averigue para que ya no sea tal.
     Por lo que: ¿cómo puede definirse "misteriosa" y "liquidarse" del estudio y de la investigación porque "no clásica" y mirar con difidencia, supuestamente científica, una rama de la arqueología (quizás la de más coraje) es decir una rama que puede ser misteriosa cuanto se quiera, pero que es y queda siendo la misma historia de la humanidad? ¿Cómo se puede querer cerrar los ojos, como quien no quería mirar en el telescopio de Galileo, sobre "esa" historia que como tal no puede más que basarse sobre los hallazgos de los vestigios del pasado? ¿Cómo negar que tales vestigios - aunque inexplicables en muchos casos y "misteriosos", sean de orden literario que más exquisitamente arqueológico - son las únicas bases sobre las que edificar la Historia?
     Símbolos, mensajes ocultos, alegorías: desde Platón a Cicerón, el gran latino de la Edad de César, hasta los filósofos y escritores del pasado más reciente y del presente, siguen surgiendo "revelaciones" y reflexiones que deberían estimular nuestra "curiosidad" intelectual.
     Un paso hacia delante sería encontrar, todos, el valor intelectual de admitir que de las "partes" de la Historia del Hombre sólo tenemos una versión, la "clásica": tenemos solo "el nombre", diría Umberto Eco, mientras la condición necesaria y suficiente para proceder realmente hacia delante sería la de tomar conciencia que "stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemos".
     Es decir que de la rosa primigenia poseemos solo el nombre. Lo mismo dígase de la Historia: para tener no solamente el nombre deberíamos comenzar todos, por lo tantos, del hecho que nadie tiene la Verdad absoluta, y que su búsqueda necesita de una "curiosidad" intelectual perén y, in primis, sin prejuicios.
     A esto se debe el breve excursus en la física y la literatura filosófica, con el que comenzamos estas notas: la física "cuántica" ha hecho caer todas las hipótesis sobre las que se basaba la "clásica" y puede explicar fenómenos que no encuentran respuesta sobre las hipótesis de la mecánica clásica. Si hoy tenemos el laser y el microscopio electrónico es gracias a esta nueva rama de la ciencia.
     Sin embargo una ciencia en general, que se quiere "oficial", sigue negándose categóricamente con mil esfumados y modos, hipócritamente como en apariencia "objetivos", pero siempre categóricamente a negarse de analizar hallazgos arqueológicos que podrían hacernos volver a escribir la Historia de la humanidad y acontecimientos, en los cielos y en el planeta, inexplicables en base de los actuales conocimientos.
     Me pregunto, y pregunto a cuantos visitan este sitio, ¿porqué el poder informe e indefinido, pero fuertísimo, de la ciencia oficial, sigue no querendo mirar en el telescopio?
¿PORQUÉ ?

dott. Franco Camarca


[Nota: pongo un solo ejemplo sobre estos "acontecimientos", tratados por la "oficialidad" con desprecio mayor que la misma arqueología misteriosa: quien escribe cuando joven estuvo en la Aeronáutica y mis amigos pilotos me contaron, en repetidas ocasiones, de haber interceptado objetos voladores desconocidos que habían alcanzado sus aviones y de haber recibido la orden de regresar a la base después de una rápida carrera. Inmediatamente después de dichos cuentos confidenciales, todos indistintamente todos me dijeron de no hablarlo con nadie, porque eso podría costarles la profesión. Uno de ellos, era el más joven, la abandonó (no conozco los motivos). Yo personalmente - es la primera vez que lo escribo - tuve una experiencia similar y lo que recuerdo claramente es que el rayo luminoso que vi delante de mí era como de mercurio, similar al que se ve en el termómetro cuando se mide la temperatura, que aparece y desaparece según la luz que lo refleja].


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