Las huellas del pasado, Arqueología Misteriosa, Diciembre 2006

LAS HUELLAS DEL PASADO
Antiguas huellas entre arqueología misteriosa, religión y ciencia-ficción

Autor: Carmine Camarca


     El estudio de los Objetos, o hallazgos, de la arqueología misteriosa, comienza cronológicamente hablando, con las Esferas de Klerksdorp, pero sería equivocado considerar a todos los "Ooparts" (del inglés, es decir los "Artefactos Fuera de Tiempo") hallados sucesivamente sobre la base de un mismo criterio de análisis: en éste y en los sucesivos artículos analizaremos de hecho muchos objetos cuya naturaleza particular es causa de fuertes debates incluisive entre los estudiosos de la misma arqueología misteriosa. En este artículo trataremos un argumento que podríamos clasificar como "huellas del pasado", y premitimos que, en el respeto de nuestra línea de análisis, ofreceremos los particulares a favor y aquellos en contra de su autenticidad, absteniendonos de formular una opinión personal porque creemos que dicha potestad pertenezca al lector.

     El tema de los hallazgos de huellas humanas fósiles no es un problema de poca importancia. Por años las comunidades scientíficas, religiosas y escépticas han formulado teorías que suportaran o confutaran los hallazgos que de vez en vez ocurrían y obviamente el pasar del tiempo ha hecho, también en esta ocasión, que los testimonios iniciales de los primeros hallazgos se vean con niebla. El primer testimonio de "huellas" misteriosas puede datarse al lejano 1822, fecha en la que el American Journal of Science notificó el hallazgo de "huellas humanas" de alrededor de 140 millones de años en zonas de Arizona y New Mexico. Al momento, obviamente, este hallazgo no debió suscitar gran interés, pero unos años después, precisamente en 1891, cuando el Morrisonvile Times de Illinois publicó la noticia del hallazgo de una cadena de oro en un bloque de carbón de 300 millones de años la teoría de la presencia de seres humanos en tiempos remotos comenzó a abrirse camino.
     Uno de los casos más renombrados, y quizás uno de los más confundidos, es el de las huellas del Palxy River, en Texas. Los datos están muy mezclados y hoy en día parece que en realidad "huellas del río Paluxy" sea el nombre otorgado a dos descubrimientos diferentes, ocurridos a distancia de tiempo en el mismo sitio. El primero de estos hallazgos sería de 1908. En la ciudad de Glen Rose, en las cercanías de dicho río, una inundación descubrió tres bloques de calcar que fueron hallados por Ernest Adams. Algunos de estos bloques con "huellas" terminaron en la ciudad de Gallup, en el New Mexico, donde fueron notados por el paleontólogo Roland Bird que decidió profunduzar el caso. Según su teoría, las huellas que analizó no correspondían a huellas humanas, sino a dinosaurios "bípedos" cuyos metatarsios apoyados en el fango parecerían por coincidencia como el interior de un pie humano. Este, en síntesis, el primer hallazgo hecho en el Paluxy River.
     Sucesivamente nuevos hallazgos alimentarion la teoría del hombre en épocas remotas. En 1931 el geólogo Wilbur G. Burrough del Kentuky relevó huellas de piés a cinco dedos de 24 por 11 centímetros antiguas 250 millones de años. El hallazgo no obtuvo ningún reconocimiento debido a la imposibilidad, según la ciencia oficial, de la presencia de humanos o dinosaurios en aquella fecha, aunque el examen microscópico ha demonstrado mayor comprensión de los granos de arena en la zona de la huella. En el número 8 de 1961 la revista soviética "Smena" documentó el hallazgo del doctor Chow Ming Chen hecha en 1959 de una huella de zapato en una roca compuesta por arenaria en el desierto de Gobi. La roca, según los datos de dicho estudio, se habría formado de sedimentos de un mar que existió en la zona hace 15000 años. El año siguiente la revista americana The Geologist publicó el hallazgo ocurrido en Illinois de dos piés humanos fosilizados en una vena de carbón de 300 millones de años, y en 1965 los antropólogos Bryan Patterson y William W. Howells afirmaron haber hallado en Kenya un fragmento de hómero humano de hace 5 millones de años. De estos hallazgos hoy en día no sabemos más nada y siendo prácticamente ausente cada dato sobre ellos, su veridicidad o menos es dejada a la imaginación.

      Es finalmente en 1968 cuando ocurre el hallazgo hoy conocido mayormente como "huellas del Paluxy River", cuyo nombre correcto es sin embargo "La huella Burdick". Es indispensable subrayar que los datos de este descubrimiento parecen confundirse y en cierto sentido amalgamarse con los de otros hallzagos, como el mismo lector tendrá manera de notar. Esta "huella humana" habría sido hallada por el investigador Clifford Burdick en julio 1968 en la zona de Glen Rose, Texas. El sitio del hallazgo es por lo tanto el mismo de los bloques de calcar de Ernest Adams. La Burdick Track, de 35.5 por 16.5 centímetros, habría sido verificada en 1990 por Carl Baugh y Don Patton, y el indivíduo que dejó las huellas, según las mediciones hechas, habría sido alto alrededor de dos metros. El staff del Museo Creation Evidence afirma haber hallado sucesivamente más de 80 huellas humanas junto a huellas de dinosaurios, en la misma zona, aunque en sus testimonios iniciales el paleontólogo Roland Bird afirmó no haber notado ninguna huella humana.
      En la misma fecha, 1968, otra coincidencia o quizás más simplemente un error debido al mezclarse de los escasos testimonios históricos, es señalado el descubrimiento de la "huella Meister". En el verano de 1968, el geólogo William J. Meister habría hallado en Antelope Springs, en Utah, una huella humana fosilizada de 27 por 6 centímetros y, sorprendentemente, la huella revelaba que la parte posterior era más profunda de tres milímetros como si hubiese sido producida por un calzado.
La huella Meister en una foto a colores. Abajo a la derecha nótese el trilobite aplastado
La roca provenía de un sector del Cambriano de ás de 500 millones de años, por lo que Meister consideró necesario traer al sitio al doctor Clarence Coombs del Columbia Union College y al geólogo Maurice Carlisle de la Universidad de Colorado. Otros testimonios afirman que también la esposa y dos hijas del doctor Meister estaban presentes en el momento del descubrimiento. Esta huella, que presenta también un trilobite aplastado, ha sido bautizada "Meister Sandal Track", "la huella de sandalia de Meister", debido a las características peculiares reportadas.
      Datos, reiteramos una vez más, extremamente cruzados, llevaron obviamente a teorías confundidas: la edición italiana de "Cristianidad" de 1978 habló de la prueba inconfutable del creacionismo; otros sin embargo, siempre en número mayor, afirman que la huella ha sido dejada por hombres que "han viajado en el tiempo"; en fín, otros aún afirma que "se trata de huellas alienígenas". ¿A quíen o a qué creer, entonces? Se podría casi considerar que, si la comunidad científica internacional ha ignorado estas huellas, sea por la confusión de los datos en propósito.

      La teoría más "creíble" que ha nacido de estos descubrimientos es aquella de una antigua civilización que habría vivido en el pasado. Obviamente son necesarias pruebas bién diferentes para que una hipótesis similar sea tan solo tomada en consideración, pero sin embargo no podemos fingir que no hayan jamás sido descubiertas las huellas descritas: a aquellos que no consideran estos hallazgos como "falsos", queremos decir que, aunque ignorando la verdadera orígen de las huellas, nos queda una sensación de duda similar a la experimentada leyendo los mil relatos distintos del Diluvio Universal; esta sensación no es desencadenada en nosotros solamente por el análisis de las huellas de Burdick y Meister, sino por el conocimiento de antiguas leyendas orientales y occidentales que hablan de civilizaciones desaparecidas, entre las que la Atlántida de Platón no es más que una de las muchas fuentes.
      Y la lectura de antiguos textos no sería tampoco fuente de maravilla, si sucesivamente no hubiesen salido a la atención de la gran mayoría hallazgos tán evidentes que suscitan forzosamente nuestro interés: el hallazgo, por ejemplo, en Tanzania, sobre un depósito de cenizas vulcánicas antiguo 3 millones y 600 mil años de huellad que han sido atribuídas a "un antropóide desconocido con piés uguales a aquellos humanos"; el hallazgo hecho por el connacional geólogo Giuseppe Ragazzoni en Brescia de cuatro esqueletos humanos en una formación rocosa del Pliocene Medio de cuatro millones de años; el hallazgo en Turkmenistan de una huella humana en una roca del Jurásico; el hallazgo en la región brasileña de Minas Gerais de esqueletos humanos sobre los que pesan huesos de un Toxodonte Megaterio, animal que ha vivido hace 7 millones de años; el hallazgo, en fín, de un mastodonte en Kentuky a 4 metros de profundidad y curiosamente un metro y medio más abajo ha sido hallado un piso de mosáico. Estos hallazgos, más que las mismas huellas fósiles de Paluxy y Meister, desatan en nosotros la curiosidad y nos llevan a cerrar este artículo, aunque con los piés bien firmes en la tierra (sin querer hacer ironías) y concientes de la realidad histórica, con una pregunta, que, quizás, jamás tendrá respuesta.
Carmine Camarca


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