La búsqueda del Misterio como ciencia, Arqueología Misteriosa, Agosto 2006

La Búsqueda del Misterio como Ciencia
Autor: Carmine Camarca


El tema de la arqueología misteriosa es sin dudas una de las mayores causas de discusión en el campo de la Arqueología. No me refiero únicamente a la discusión provocada por las teorías por ella lanzadas, sino también y principalmente a la discusión generada por su misma existencia. Es, obviamente, un argumento extremamente delicado, y no es nada exagerado afirmar que para muchos se trata de verdadera herejía. La “chispa” de estas discusiones se ubica en las conclusiones de esta búsqueda; éstas son por lo principal en contraste con la arqueología clásica y rebotadas por una gran parte de la comunidad científica internacional. Es por lo tanto evidente que para no caer en el subjetivismo resulta indispensable una análisis desde la mima origen, que esclarezca a fondo los motivos que han llevado a evitar este sector de estudio.

Antes que todo una premisa: hablo de sector de estudio porque indudablemente esta búsqueda se basa sobre objetos reales, aún no perfectamente insertados en el contexto histórico más general, excluyendo por el momento todo lo que se ha construido encima de estos hallazgos.

Hoy en día es casi imposible anhelar de “reformar” la arqueología misteriosa, también porque el acontecimiento que genera las repercusiones presentes corresponde a la misma origen de este nuevo tipo de “arqueología”; de hecho, esta definición es atribuible al estudioso americano Charles Fort, quien dedicó su existencia a recoger todos aquellos artículos de periódico que reportaran hechos extraños, objetos imposibles y descubrimientos increíbles. El éxito de este trabajo hubiese sido indudable si no por la “clave de interpretación” que el mismo Fort ofreció por dichos acontecimientos: en efecto él basó el entero curso de la Historia sobre una presumida intervención “alienígena”, un contexto que no tiene ningún fundamento de análisis científica de la Historia y de la Arqueología. Se vuelve entonces claro que con una origen similar, la evolución de la Arqueología Misteriosa no podía ser diferente de como la vemos hoy.

Existe otro factor que hoy más que nunca provoca el deterioro de esta búsqueda, es decir el fácil sensacionalismo que le corresponde. Indiscutiblemente, la arqueología misteriosa es más “noticia” que los descubrimientos tradicionales, a los ojos de la gran mayoría. A esto se ha sumado un verdadero “golpe de gracia”, es decir el lanzamiento premeditado de falsos ofrecidos como auténticos hallazgos arqueológicos. Más allá del delito que incluye esto, el daño causado ha perturbado el contexto entero de la búsqueda, ya peligrosamente dañado por la presión internacional: en facto, cada nuevo descubrimiento que corresponde a los cánones de la arqueología misteriosa viene ahora inmediatamente catalogado como “fantasía”.
El resultado de esto está bajo los ojos de todos: un posible nuevo sendero de estudio ha sido irreparablemente dañado, separado de su mismo campo y condenado a cubrirse siempre más de una desagradable aura de falsedad.

Sin querer defender a ninguna de las partes, es necesario afirmar por conciencia moral y profesional que si es verdad que por el lado de la arqueología misteriosa tal vez han salido medias verdades o engaños, aún más verdad es que del lado de sus oponentes han salido análisis y declaraciones que a considerarlas diletantescas hay riesgo de ser eufemísticos, declaraciones a veces extremistas, a daño de la misma búsqueda arqueológica. ¿Cómo no comprender, en este sentido, a la comunidad internacional? Al fin y al cabo la culpa es de la misma arqueología misteriosa que, en vez de ponerse al nivel de una ciencia se ha vuelto en un movimiento de opinión, como por ejemplo la ufología; en vez de basarse sobre el análisis científica y objetiva de los hallazgos algunas veces ha exagerado con la fantasía.

Pero ha sido cometido un gran error, es decir de cerrar, o mejor dicho de encerrar en estos restringidos cánones de juicio de la arqueología misteriosa a todos aquellos investigadores y apasionados que se dedican a dicha búsqueda. Es bien esclarecer dos puntos esenciales: el primero es que muchos hallazgos analizados en este campo – que reformado sobre las bases del método científico, podríamos volver a definir ciencia – son auténticos y no han sido todavía ubicados en el panorama histórico-arqueológico. Esto nos impulsa, in primis como investigadores, a empeñarnos seriamente para llenar estas lacunas que han surgido en los últimos decenios, con la misma voluntad con la que nos dedicamos a esclarecer los puntos poco claros sobre los Etruscos, sobre la cultura Micenea, sobre los Pueblos del Mar, para citar algún ejemplo. El segundo punto es en base profesional: ¿con qué derecho un investigador puede excluir de esta categoría a otro investigador, si éste se basa en el método científico? ¿Y con qué autoridad un especialista mueve a priori un descubrimiento desde el sector de los “hallazgos” al de los “fenómenos paranormales”? Porque, por lo general, no se ha desarrollado ninguna reunión de la comunidad arqueológica en Praga, como han hecho los colegas astrónomos para levantar a Plutón del grado de planeta. Una larga mayoría de investigadores de arqueología misteriosa, dígase cualquier cosa, son personas extremamente serias y calificadas, que no obstante el comportamiento altamente hostil al que deben de enfrentarse, han comprendido los motivos de dicho comportamiento y se empeñan para romper estos obstáculos decenales y reunificar el sendero de su búsqueda con el de la Arqueología y la Historia.

La arqueología, es bien recordarlo, es una búsqueda de testimonios concretos e históricamente confirmados. Si es irracional pensar de volver a escribir la Historia entera sobre las bases de un único hallazgo no esclarecido, es igualmente irracional y diletantesco pensar de excluir, de condenar al olvido dicho hallazgo en vez de intentar comprender los orígenes de éste y, posiblemente, de adaptar un determinado momento histórico sobre la base de los nuevos datos ofrecidos, así como ha ocurrido en otras ocasiones en la Paleontología, en la Antropología y, queriendo espaciar, jasta en la Geología, en la Biología, en la Matemática y en la Física, ciencia ésta última que cada día se enfrenta a obstáculos como éste que para nosotros podrían parecer insuperables pero que no son tales para quien ha logrado superar, aunque a nivel sub-atómico, la barrera einsteniana de la velocidad de la luz. Tomemos entonces ejemplo de otras Ciencias que, evidentemente, han terminado con sus discordias internas favoreciendo así un mayor desarrollo de su búsqueda.

Trataremos de manera más profunda este delicado y complejo argumento en próximos artículos, analizando en los límites de nuestras modestas posibilidades cada objeto estudiado por la arqueología misteriosa; trataremos de señalar sea los elementos a favor de la autenticidad sea aquellos que presionan por la invención o la casualidad, y dejaremos únicamente al lector la facultad de sacar conclusiones de la lectura de los hechos objetivos y sin contaminación de comentarios de quien escribe. Trataremos así, aunque en nuestra modestia, de demostrar como no obstante la situación que analizamos la arqueología misteriosa es en realidad una ciencia, un sendero de búsqueda racional que en un futuro podría aportar elementos de gran importancia al maravilloso mosaico de la Historia.
Carmine Camarca


El Autor del Artículo

Carmine Camarca, autor de Arkeopolis.
"Desde siempre he tenido una gran pasión hacia la Historia y la Arqueología. He comenzado organizando un pequeño grupo de búsqueda con amigos y, sucesivamente, he comenzado a viajar para profundizar en el campo y para analizar en primera persona hallazgos que han cambiado o podrían cambiar la Historia del género humano.
Paralelamente, he desarrollado un fuerte interés por las lenguas, indispensables en el mundo moderno, y por la informática, publicando un modesto ensayo, "De los números a la Computadora".
Soy también estudioso de Numismática, porque a mi parecer las monedas son un vehículo de testimonio que nos llega de nuestros antepasados.
Amo la Naturaleza y condivido el lema "mens sana in corpore sana" practicando la filosofía del Karate. Mi autor preferido es Jack London. Actualmente estudio en los USA, donde estpy curando el desarrollo del proyecto Arkeopolis"
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