La Búsqueda del Misterio como Ciencia
Autor: Carmine Camarca
El tema de
la arqueología misteriosa es sin dudas una de las
mayores causas de discusión en el campo de la
Arqueología. No me refiero únicamente a la discusión
provocada por las teorías por ella lanzadas, sino
también y principalmente a la discusión generada por su
misma existencia. Es, obviamente, un argumento
extremamente delicado, y no es nada exagerado afirmar
que para muchos se trata de verdadera herejía. La
“chispa” de estas discusiones se ubica en las
conclusiones de esta búsqueda; éstas son por lo
principal en contraste con la arqueología clásica y
rebotadas por una gran parte de la comunidad científica
internacional. Es por lo tanto evidente que para no caer
en el subjetivismo resulta indispensable una análisis
desde la mima origen, que esclarezca a fondo los motivos
que han llevado a evitar este sector de estudio.
Antes que todo una premisa: hablo de sector de
estudio porque indudablemente esta búsqueda se basa
sobre objetos reales, aún no perfectamente insertados en
el contexto histórico más general, excluyendo por el
momento todo lo que se ha construido encima de estos
hallazgos.
Hoy en día es casi imposible anhelar
de “reformar” la arqueología misteriosa, también porque
el acontecimiento que genera las repercusiones presentes
corresponde a la misma origen de este nuevo tipo de
“arqueología”; de hecho, esta definición es atribuible
al estudioso americano Charles Fort, quien dedicó su
existencia a recoger todos aquellos artículos de
periódico que reportaran hechos extraños, objetos
imposibles y descubrimientos increíbles. El éxito de
este trabajo hubiese sido indudable si no por la “clave
de interpretación” que el mismo Fort ofreció por dichos
acontecimientos: en efecto él basó el entero curso de la
Historia sobre una presumida intervención “alienígena”,
un contexto que no tiene ningún fundamento de análisis
científica de la Historia y de la Arqueología. Se vuelve
entonces claro que con una origen similar, la evolución
de la Arqueología Misteriosa no podía ser diferente de
como la vemos hoy.
Existe otro factor que hoy
más que nunca provoca el deterioro de esta búsqueda, es
decir el fácil sensacionalismo que le corresponde.
Indiscutiblemente, la arqueología misteriosa es más
“noticia” que los descubrimientos tradicionales, a los
ojos de la gran mayoría. A esto se ha sumado un
verdadero “golpe de gracia”, es decir el lanzamiento
premeditado de falsos ofrecidos como auténticos
hallazgos arqueológicos. Más allá del delito que incluye
esto, el daño causado ha perturbado el contexto entero
de la búsqueda, ya peligrosamente dañado por la presión
internacional: en facto, cada nuevo descubrimiento que
corresponde a los cánones de la arqueología misteriosa
viene ahora inmediatamente catalogado como “fantasía”.
El resultado de esto está bajo los ojos de todos: un
posible nuevo sendero de estudio ha sido
irreparablemente dañado, separado de su mismo campo y
condenado a cubrirse siempre más de una desagradable
aura de falsedad.
Sin querer defender a ninguna
de las partes, es necesario afirmar por conciencia moral
y profesional que si es verdad que por el lado de la
arqueología misteriosa tal vez han salido medias
verdades o engaños, aún más verdad es que del lado de
sus oponentes han salido análisis y declaraciones que a
considerarlas diletantescas hay riesgo de ser
eufemísticos, declaraciones a veces extremistas, a daño
de la misma búsqueda arqueológica. ¿Cómo no comprender,
en este sentido, a la comunidad internacional? Al fin y
al cabo la culpa es de la misma arqueología misteriosa
que, en vez de ponerse al nivel de una ciencia se ha
vuelto en un movimiento de opinión, como por ejemplo la
ufología; en vez de basarse sobre el análisis científica
y objetiva de los hallazgos algunas veces ha exagerado
con la fantasía.
Pero ha sido cometido un gran
error, es decir de cerrar, o mejor dicho de encerrar en
estos restringidos cánones de juicio de la arqueología
misteriosa a todos aquellos investigadores y apasionados
que se dedican a dicha búsqueda. Es bien esclarecer dos
puntos esenciales: el primero es que muchos hallazgos
analizados en este campo – que reformado sobre las bases
del método científico, podríamos volver a definir
ciencia – son auténticos y no han sido todavía ubicados
en el panorama histórico-arqueológico. Esto nos impulsa,
in primis como investigadores, a empeñarnos seriamente
para llenar estas lacunas que han surgido en los últimos
decenios, con la misma voluntad con la que nos dedicamos
a esclarecer los puntos poco claros sobre los Etruscos,
sobre la cultura Micenea, sobre los Pueblos del Mar,
para citar algún ejemplo. El segundo punto es en base
profesional: ¿con qué derecho un investigador puede
excluir de esta categoría a otro investigador, si éste
se basa en el método científico? ¿Y con qué autoridad un
especialista mueve a priori un descubrimiento desde el
sector de los “hallazgos” al de los “fenómenos
paranormales”? Porque, por lo general, no se ha
desarrollado ninguna reunión de la comunidad
arqueológica en Praga, como han hecho los colegas
astrónomos para levantar a Plutón del grado de planeta.
Una larga mayoría de investigadores de arqueología
misteriosa, dígase cualquier cosa, son personas
extremamente serias y calificadas, que no obstante el
comportamiento altamente hostil al que deben de
enfrentarse, han comprendido los motivos de dicho
comportamiento y se empeñan para romper estos obstáculos
decenales y reunificar el sendero de su búsqueda con el
de la Arqueología y la Historia.
La arqueología,
es bien recordarlo, es una búsqueda de testimonios
concretos e históricamente confirmados. Si es irracional
pensar de volver a escribir la Historia entera sobre las
bases de un único hallazgo no esclarecido, es igualmente
irracional y diletantesco pensar de excluir, de condenar
al olvido dicho hallazgo en vez de intentar comprender
los orígenes de éste y, posiblemente, de adaptar un
determinado momento histórico sobre la base de los
nuevos datos ofrecidos, así como ha ocurrido en otras
ocasiones en la Paleontología, en la Antropología y,
queriendo espaciar, jasta en la Geología, en la
Biología, en la Matemática y en la Física, ciencia ésta
última que cada día se enfrenta a obstáculos como éste
que para nosotros podrían parecer insuperables pero que
no son tales para quien ha logrado superar, aunque a
nivel sub-atómico, la barrera einsteniana de la
velocidad de la luz. Tomemos entonces ejemplo de otras
Ciencias que, evidentemente, han terminado con sus
discordias internas favoreciendo así un mayor desarrollo
de su búsqueda.
Trataremos de manera más
profunda este delicado y complejo argumento en próximos
artículos, analizando en los límites de nuestras
modestas posibilidades cada objeto estudiado por la
arqueología misteriosa; trataremos de señalar sea los
elementos a favor de la autenticidad sea aquellos que
presionan por la invención o la casualidad, y dejaremos
únicamente al lector la facultad de sacar conclusiones
de la lectura de los hechos objetivos y sin
contaminación de comentarios de quien escribe.
Trataremos así, aunque en nuestra modestia, de demostrar
como no obstante la situación que analizamos la
arqueología misteriosa es en realidad una ciencia, un
sendero de búsqueda racional que en un futuro podría
aportar elementos de gran importancia al maravilloso
mosaico de la Historia.
Carmine Camarca
El Autor del Artículo
Carmine Camarca, autor de Arkeopolis.
"Desde siempre he tenido una gran pasión hacia la Historia y la Arqueología. He comenzado organizando un pequeño grupo de búsqueda con amigos y, sucesivamente, he comenzado a viajar para profundizar en el campo y para analizar en primera persona hallazgos que han cambiado o podrían cambiar la Historia del género humano.
Paralelamente, he desarrollado un fuerte interés por las lenguas, indispensables en el mundo moderno, y por la informática, publicando un modesto ensayo, "De los números a la Computadora".
Soy también estudioso de Numismática, porque a mi parecer las monedas son un vehículo de testimonio que nos llega de nuestros antepasados.
Amo la Naturaleza y condivido el lema "mens sana in corpore sana" practicando la filosofía del Karate. Mi autor preferido es Jack London. Actualmente estudio en los USA, donde estpy curando el desarrollo del proyecto Arkeopolis".
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