El tesoro de los Inca
Autor: Lorenzo Masala
"Si los españoles, entrando en Cuzco, no hubiesen actuado con tanta crueldad, trucidando Atahualpa, quién sabe cuántos navíos hubieran sido necesarios para transportar a España todos aquellos tesoros que ahora yacen sepultados en las vísceras de la Tierra y que a lo mejor quedarán ahí para siempre, porque quienes los escondieron han muerto sin revelar el secreto".
Así escribió el sacerdote-soldado Cieza de Leon algunos años después del asesinato del último de los emperadores inca y las masacres cumplidas por Pizarro y sus ordas. Y quizás con plena razón, porque muy probablemente los aventureros ibéricos, ciegados por su brama de riquezas, actuaron de la manera menos adapta a satisfacerla.
Como es conocido, Pizarro hizo prisionero al emperador Atahualpa, con el objetivo de proponer un intercambio a su pueblo: la libertad de su soberano en cambio de todas sus riquezas. Una decisión indudablemente muy dificil para el pueblo Inca. Antes de tomar una decisión, la esposa del soberano consultó (por lo menos así se dice) el orácolo solar y, habiendo sabido que el cónyuge habría sido asesinado de toda forma, se quitó la vida después de ordenar que las riquezas a las que los ingordos españoles tendían fuesen escondidas.
¿Adonde? A esta pregunta piensa poder responder el arqueólogo inglés Harold Wilkins que nos dice que éstas pudieran encontrarse en galarías más seguras que fortalezas. Habrían sido excavadas en las montañas y selladas con enigmáticos geroglífos de los que sólo un inca por cada generación conocía el significado. Subterráneos de este género parecerían ser numerosísimos, no solo en los territorios un tiempo ocupados por los Inca. El caso más conocido está constituido por una red de galarías que conyugarían Lima a Cuzco, la antigua capital de Perú. Existen antiguos hallazgos que documentarían la presencia en el interior de este tunel de una riquísima tumba real, y han sido las riquezas muy probablemente en él contenidas a suscitar intereses no propiamente arqueológicos. Pero muy probablemente estos tesoros quedarán celados aún por muchos años por causa de los gastos enormes necesarios para limpiar las galarías por los detritos que las obstruyen y para purificar el aire mefítico que ahí está desde siglos. A esto se sumarían los varios posibles peligros a los que se expondrían a cada paso los eventuales exploradores de las galarías, que podrían consistir en derrumbes improvisos o eventuales trampas puestas en la antigüedad por los túneles para proteger las riquezas de los cazadores y ladrones.
A parte del fáscino venial que ejercen, esas galarías representan un fascinante misterio arqueológico. Los estudiosos que se han ocupado de ellas se demuestran concordes en el afirmar que los subterránoes no pueden haber sido excavados por los Inca: éstos los habrían explotado conociendo su existencia, pero no su origen. Y aquí alguen murmura de antiguas redes de túneles que se desarrollarían en el subsuelo de casi todo el planeta. Según esas voces, los túneles usados por el pueblo Inca constituirían sólo una pequeña parte de la entera red subterránea. Alguien llama esta teoría, a mi parecer digna de una novela a la Jules Verne, teoría de la Tierra cava. Pero ahora esto no nos interesa. Nos interesa sin embargo si el pueblo Inca escondió realmente un tesoro para quitarlo a los ávidos españoles. De así se, ¿de qué forma? La casi totalidad de los estudiosos afirma que, admitiendo que el tesoro exista, está constituido en su mayoría muy probablemente por oro, y algunos tipos de metales trabajados.
Concluyo con una reflección no solo personal: y si el lugar en donde la civilización Inca hubiese excondido todas sus propias riquezas no fuese más que el lugar legendario conocido como Eldorado?
Lorenzo Masala
El Autor del Artículo
Lorenzo Masala, correspondiente desde Italia.
Apasionado de física y arqueología, se dedica al estudio crítico de la arqueología misteriosa y de la ufología para extraer las verdades en ellas contenidas y llevarlas al escenario histórico más amplio.
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