Rapa Nui, desafío arqueológico sin respuesta, Arqueología, Enero 2007

Rapa Nui,
desafío arqueológico sin respuesta

Autor: Carmine Camarca


      Rapa Nui, isla de 162.5 quilómetros cuadrados del Pacífico meridional, descubierta en el día de Pascua de 1722 por el almirante holandés Roggeveen. El nombre, como vemos, no deriva por lo tanto de las muchas sorpresas arqueológicas que hallamos en el interior de su “huevo”, es decir de su territorio. Con alrededor de 2000 habitantes y 163 quilómetros cuadrados la Isla de Pascua, que pertenece oficialmente a Chile desde 1888 aunque muy lejana de las costas suramericanas, ha sido definida hasta en el siglo XXI como uno de los mayores misterios arqueológicos que el hombre haya enfrentado.
Un Moai

      Indudablemente el símbolo, podríamos decir, del misterio persistente, aunque no el único, son las gigantescas estatuas presentes en el territorio de la isla, mayormente conocidas como “moai”. El abismo enorme entre las dimensiones de estos restos en piedra y la civilización neolítica que, oficialmente desde siempre, ha poblado la isla es evidente a cualquiera que haya tenido la posibilidad de observarlos. La imposibilidad aparente de levantar estatuas similares por parte de un pueblo que desconocía los medios mecánicos ha llevado a formular obviamente muchísimas teorías; algunos la ven como el último resto de un antiguo continente sumergido en el Pacífico; otros suponen que haya sido poblada por un antiguo pueblo asiático constructor de monumentos megalíticos. Pero se trata, lo subrayamos, de teorías que no hacen la mínima luz sobre las reales orígenes de los misteriosos restos presentes en el territorio.
     Los testimonios sobre las costumbres de la población autóctona nos llegan fundamentalmente del Roggeveen y del navegador Jean-François de La Pérouse, este último llegado a la Isla en el abril de 1786. La señalación más interesante hecha por el navegador corresponde al notable interés demostrado por los indígenas respecto a los medios y conocimientos de navegación que poseían los recién llegados.
     Sucesiva mente el análisis de la sangre ha demostrado el origen polinesiana de los pobladores de Rapa Nui. Esto esclarecía quizás la origen de las actuales poblaciones de la isla, pero no el enigmático aspecto arqueológico. Centenares y centenares de moai pueden verse majestosos al lado del volcán oriental Rano Raraku, la mayoría creados en tufo, aunque algunos hayan sido trabajados en basalto. Su origen no es menos misteriosa que su fin: muchísimas estatuas, alrededor de 150 según lo estimado por Routledge en 1920, han quedado incumplidas, y una de estas, que habría medido 23 metros de altura, está en un cráter que ocupa por completo. Pueden ser fácilmente descritas como troncos enormes, cráneos estrechos, orejas muy largas

     Qué misterio se esconde detrás de la edificación de estas estatuas? Si, como algunos suponen, se tratase de una forma de “culto” al volcán Rano Raraku, a qué estaban entonces dedicadas las estatuas puestas paralelamente en muros, llamados “ahu”, presentes en el litoral, hasta en 15 por fila? Es aun más oscuro el porqué éstas hayan sido halladas derrumbadas en su mayoría ya en el XVII siglo, algunas hasta dejadas por el camino, así como enigmático es el hallazgo de restos óseos enterrados a sus pies. Obviamente, la misma construcción de los “ahu” es anómala, si consideramos que están compuestos por largas superficies en piedra levigada sobrepuestas con increíble precisión.
     De qué medios disponían los indígenas para levantar estatuas que pesan toneladas? Para tener una idea de la proporción, véase como la cabeza de una de las estatuas, conservada en el Musée de l´Homme de París, pesa una tonelada y 200 quilogramos. La única planta presente en la isla es el Celso; experimentos modernos han demostrado que es imposible mover estos monumentos con cuerdas de fibras enlazadas. Y, como hemos dicho arriba, no conocían ni rulos ni la rueda.
     Misterio entre los misterios, la presencia de dos tribus, “Orejas cortas” y “Orejas largas”, podría ser la causa de la interrupción del trabajo de escultura, mientras que sus actuales descendientes no quieren desvelar el secreto, quizás simplemente porque no lo conocen. Expediciones desde la mitad del ‘900 han descubierto como las estatuas tengan incisiones de elaborados tatuajes actualmente cubiertos por una larga capa. Quizás estos tatuajes estén de alguna manera relacionados con el culto, aun celebrado hoy en día, del dios Makemake, culto que llevaba a la elección del hombre “ave”: el candidato debía recuperar el huevo de una rara ave desde la cercana isla Moto Nui, un desafío extremamente difícil y riesgoso si se considera que el brazo de mar que divide Pascua de Moto Nui está infestado por tiburones; dicha búsqueda terminaba en Septiembre, y el “hombre ave” quedaba en cargo por doce meces, considerado a la par de los dioses, con poderes de vida y muerte. Un ritual, como ha sido averiguado, que no ha sido practicado en otro sitio del mundo que no sea la isla Rapa Nui.

     Afortunadamente, por así decir, existen testimonios escritos constituídos por tablas de caracteres “busteofédicos”; como ha ocurrido muy comúnmente en otros sitios, también aquí la mayoría de las tablitas de madera ha sido destruida por orden de los misionarios, y hoy en día existen veintiuno, conservadas en Bruxelles, en el British Museum, en Berlín, en Viena, en San Peterburgo y en Santiago. Santiago.
Tabla rongorongo de la isla de Pascua

      Las “kohaurongorongo”, o “madera que habla”, no han sido descifradas. Las primeras tablitas fueron recuperadas en 1866 cuando la civilización “tradicional” había ya sido casi totalmente destruída. En 1914 el último habitante de la isla iniciado al arte de esta escritura desapareció, y con él la última posibilidad de intentar la descifración de la misteriosa escritura, que se suma a la larga lista de enigmas. El inglés Vere Barclay y el francés Lemosof veían una semejanza con los jeroglíficos maya, mientras Wilhelm von Hevesy teorizó una semejanza con la escritura, también indescifrada, de la civilización de la valle del Indo, aunque el tiempo entre la civilización harappiana de Mohenjo-daro y aquella de Rapa Nui es de varios milenios. El vienés Robert von Heine-Geldern declaró semejanzas con la escritura china antigua, mientras que el argentino Imbelloni la comparó con caracteres indianos del sistema Brahmi. El alemán Barthel afirmó que la escritura no reproducía la frase hablada, sino que se trataba de textos estenográficos.

     Quien sienta el fascino de Stonehenge y no es insensible a la mirada de la Esfinge, no puede no preguntarse que es lo verdadero de las mil historias de la isla de Pascua. Indudablemente la sensación es única: contrariamente a muchos otros sitios, aunque del mismo fascino, la Isla de Rapa Nui, remoto centro en el Pacífico, mosáico de enigmas y desafíos arqueológicos, es una verdadera frontera entre lo real y lo imaginario, entre la clasicidad y la innovación, y ningún viviente puede evitar de sentir una especie de respeto por reliquias que, sin miedo de infringir tabus, podemos definir pertenecientes a una civilización antigua y desconocida. Y los moai quedarán aun por mucho tiempo con las espaldas al mar y la mirada hacia su predilecta Rapa Nui, mirada que, porqué no?, podemos definir “enigmática”…
Carmine Camarca


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