La noticia de los estudios para la construcción de un museo arqueológico submarino en las aguas de Alesandria de Egipto han despertado, ni podía ser diferente, la atención mundial. Queremos, por lo tanto, ofrecer una contribución para una mejor comprensión del periodo histórico del que admiraremos las maravillas arqueológicas en dicho advenierístico museo.
      Iremos, por lo tanto, a la que el más grande estudioso de la latinidad, Ettore Paratore, define "La edad de César", es decir el "periodo augusteo" que va desde el 78 a.C. al 14 d.C:
      Los eventos bélicos de la edad cesariana son narrados por el mismo César en su "Commentarii de bello civili" y después, en referencia a los años 47, 46 y 45, en el "Bellum Alexandrium". De estas lecturas podemos conocer como ha sido la guerra civil contra Pompeyo a mandar a César en Egipto y ver los consecuentes acontecimientos que llevaron al incendio de la Biblioteca alejandrina. El Rubicón no era más que un recuerdo en la mente de César, estudiado también por los estrategas de guerra modernos por la genialidad de sus maniobras bélicas, caracterizadas por una "rapidez" que hicieron escribir al Dante:
"che no l´ seguiría lengua ni pluma".
     Estamos en el 48 a.C.: pasado el Rubicón ("alea iacta est"), César va hacia las costas adriáticas, cortando el camino de escape a Pompeyo, jefe de la clase aristocrática, hacia Oriente, obligandolo a dejar Italia. Por lo tanto regresa a Roma, asumiendo la carga de Cónsul, y vuelve a seguir a Pompeyo. Éste se había refugiado en Egipto, contando con la protección del Rey Ptolomeo el que sin embargo por la amistad de César le cortó la cabeza enviándosela. El aspirante "princeps" se alardeaba sin embargo de tener como guía "la magnanimidad romana", por lo que respondió a la traición de Ptolomeo deponiéndolo e insediando en su lugar como reina a Cleopatra.
     Los acontecimientos históricos sucesivos al 44 a.C. y la guerra civil entre Antonio y Octaviano son testimoniados por los tesoros arqueológicos (como el Palacio de Antonio y Cleopatra) de los que se habla en estos días en propósito al museo proyectado bajo las aguas del Mediterráneo en frente a Alesandria.
     Gracias a dichos tesoros también el nombre del "princeps" César se recordará por la difusión de la civilización que precurre el ecúmen cristiano y por el genio exprimido en sus obras, reconocido por los expertos de cultura latina pero olvidado por los más, aún ciegados únicamente por sus empresas bélicas. Gracias a estos tesoros arqueológicos el nombre del "princeps" César no se recordará - afortunadamente - solo por sus derivaciones etimológicas de "zar" y de "kaiser".
dott. Franco Camarca