Comenzamos nuestro viaje de La Habana.
A mitad del siglo XVII era la más grande ciudad de Latinoamérica, junto a Lima y Ciudad de México. Su población, de más de 40 mil habitantes, era superior a la de New York y de Boston. Los esclavos transportados desde Africa ya eran libres, a diferencia de las demás islas de las Antillas. Según el historiador británico Hugs Thomas era una ciudad cosmopolita, indolente y brillante al mismo tiempo, hecha tal por la efervecencia que le otorgava el hecho de ser el principal puerto español en las colonias, puerto en el que transitaban todos los tesoros transportados hacia la península ibérica.

Su desarrollo arquitectónico no ocurrió de manera desordenada - como pasa a veces hoy en las periferías de muchas metrópolis modernas, desde Caracas a Sao Paolo - sino que fue dictado con específica "ordenanza" de Felipe II, que comenzaba definiendo que el centro de la ciudad debiese ser la plaza y sucesivamente dectava el dibujo más general, basando todo sobre el "castrum romano", obedeciendo por lo tanto a la característica propia de los planificadores españoles de la época.
A su defensa fue construido "El castillo de los tres reyes", proyectado por el genio italiano del arquitecto Antonelli, parte importante de un conjunto de fortificaciones y hoy popularmente conocido como "el Morro".
Por el estilo de sus casas coloniales Alejo Carpentier - el más grande escritor cubano del ´900 y entre los mayores en lengua española - la definió "La ciudad de las columnas" y a si nos la describe: "
La Habana Vieja es una ciudad en la sombra, hecha para disfrutar las sombras...sombra ella misma...cuando la pensamos en contraste a lo que ha ido creciendo hacia el oeste, desde los comienzos de este siglo en el que la sobreposición de los estilos...ha progresivamente creado en La Habana un estilo sin estilo que por un proceso de simbiosis, se amalgama...en un barroco peculiar que asume la función de estilo...escribiéndose en la historia de los comportamientos urbanísticos. Y siguiendo en su descripción dictada por el amor por su ciudad, el gran escritor concluye:"
Porque a poco a poco,...de lo que está marcado entre realidades distintas, han nacido y se han desarrollado las costantes de un conjunto que hace La Habana distinta de las demás ciudades del continente".
CIUDAD DE MÉXICO: EL "ZÓCALO"
El habitante de una metrópolis moderna no podría no sorprenderse y respondernos con una sonrisa irónica si le preguntamos cual sea "la plaza principal" de su ciudad. Pero pregúntenlo a un habitante de Ciudad de México y les responderá de inmediato, sin esitación: "
El Zócalo".
La palabra española "zocalo" puede traducirse "la base". Y la etimología explica de hecho el origen histórico del nombre de la célebre plaza: el general Santa Ana, Presidente de México, en 1843 confirió al arquitecto español Lorenzo de la Hidalga el encargo de construir un monumento a la memoria de los héroes de la independencia del país, pero éste no terminó más que la parte inicial de la obra, el basamento, es decir el "zócalo". Los habitantes comenzaron a llamar por lo tanto de esta manera dicha plaza y su costumbre se volvió propia de todos los mexicanos.
El Zócalo se ha vuelto así el nombre de aquella que no solamente es la plaza más grande de la capital y de todo México sino del mundo entero, superada en dimenciones solamente por plaza Tienanmen en Pekino y Plaza Roja en Moscú.
Pasado y presente se pergisuen en y alrededor de El Zócalo: aquí se encontraba el Templo Mayor de la civilización Azteca. Extensas paludes, con aislotes, dominaban esta área y éste era el sitio en el que los "Grandes sacerdotes" habían predecido que se habría de construir "los templos consacrados a los dioses", primero entre todos Tlaloc, que era el Dios de las aguas, cuya protección era por lo tanto indispensable en consideración de las características del sitio. El centro de la ciudad azteca - que se desarrolló a comenzando del centro del odierno Zócalo - es llamado "Gran Tenochtitlan": éste contituía el centro religioso y era considerado el centro del universo, del que habría irradiado el dominio sobre los demás pueblos. Pero en 1521 Hernán Cortés la espugnó, después de meses de sangriento asedio, y sobre las ruinas de los templos fue edificada la nueva ciudad: los historiadores de la ciudad afirman que el actual Palacio Nacional más no sea que la restauración del antiguo Palacio del Virrey, es decir de uno de los primeros testimonios arquitectónicos de la colonia española.
En el Zócalo surgieron, por lo tanto, en el transcurso de los siglos el palacio de Montezuma, el Templo Mayor, la casa de Cortés y aquella del Virrey. En el complejo de los actuales edificios se pueden admirar cinco "murales" de Diego Rivera y varias galarías históricas. En la misma zona donde se erguía el Templo Mayor de los Aztecas, los españoles construyeron la Catedral Metropolitana, con un frente barroco imponente, y 16 capillas laterales. Otros edificios fueron erguidos a los cuatro lados de la plaza y la misma ha sido llamada "Mayor". En 1812 tomó el nombre de Plaza de la Constitución, después de la relativa promulgación. Y el nombre siguió cambiando, correspondientemente a los acontecimientos históricos, pero el que le quedó, al fín, es el nombre que le había dado la gente común: El Zócalo.
Sea La Habana que Ciudad de México han sido declaradas por la UNESCO "Patrimonio de la Humanidad".
Carmine Camarca
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